La lechuga

Es la reina de las ensaladas, pero tiene muchas más posibilidades: aprende a conservarla correctamente, lávala de manera adecuada y escoge la variedad más apta para cada receta.



• Romana: también llamada “hoja de mulo”, crece en las zonas cálidas de nuestro país. Perfecta por su textura y sabor en ensaladas con aliños suaves, al igual que la Batavia, puedes usarla también para hacer zumos y cocinarla para sopas y cremas.

• Trocadero o francesa: de hojas lisas y de textura mantecosa, resulta ideal para ensalada y para hacer cremas, batidos, zumos…

• Hoja de roble: hay variedades de color verde y otras que van del rojo al morado. Excelente para ensaladas, es habitual encontrarla ya empaquetada en bolsas de plástico en una mezcla de variedades diferentes.

• Iceberg: una de las más consumidas, tal vez porque es la más resistente. Adecuada para preparar recetas donde su textura aporte el punto crujiente (relleno de tortillas, tacos, bocadillos).

• Cogollos: variedad autóctona de Navarra, tierna, apretada y muy jugosa. Suele cortarse transversalmente y luego en cuartos, así que aquí sí emplearemos el cuchillo.


• Consérvala en la parte del frigorífico destinada a las verduras, libre de envoltorios y sin lavar hasta el momento de utilizarla. La lechuga no se puede congelar.

• Para limpiarla, retira primero las hojas exteriores (¡no las tires!, las podrás aprovechar en dos recetas de este número), corta el tronco y lava cada hoja una a una bajo el grifo. Escúrrelas, o mejor centrifúgalas si son para ensalada, para evitar que el aliño se vuelva insípido al mezclarse con agua.

• Para la ensalada, mejor trocea las hojas con la mano antes que con un cuchillo, y si has lavado hojas de más y no las vas a consumir, lo ideal es conservarlas bien escurridas en el frigorífico y dentro de un recipiente de plástico.




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