La Sardina


Las sardinas son para el verano. Es la época en la que este pescado azul, el más popular y saludable, alcanza la calidad y el sabor característicos de todo un clásico del mar. Humilde y sencilla, la sardina es el ilustre manjar que corona nuestras reuniones estivales.

Su carne, tan apreciada, es una de las más sabrosas y aromáticas. En la cocina, su versatilidad es indiscutible: fritas, a la plancha, asadas al horno o en espeto, guisadas, en escabeche, rebozadas, en aceite, marinadas… Un bocado exquisito cuyo único secreto es el grado de frescura y el punto de cocción. Han de estar siempre jugosas: si se hacen demasiado perderán la grasa que les otorga su sabor y aroma.



• Es muy importante considerar el tamaño de la sardina en función del tipo de preparación. Las más grandes son perfectas para asar: siempre enteras, con cabeza y vísceras y sin quitarles las escamas. Las pequeñas o medianas se pueden cocinar fritas, rebozadas, marinadas…
• Su alto contenido en grasas impide una congelación adecuada. La descongelación modifica su sabor y textura.




La sardina fresca debe ser firme al tacto y de carne consistente. De ojos brillantes, nunca hundidos, y olor marino poco pronunciado. Cuidado: se deterioran con facilidad, así que es mejor consumirlas el mismo día o al día siguiente. Se conservan evisceradas y limpias en la parte más fría del frigorífico.





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